¿Cómo ha sido vivir la pandemia de COVID-19 para mí? 

Colegio Suizo de México | Jun 23, 2020

Por Gustavo Garfias 

 

Honestamente ha sido bastante interesante y creo que mis sentimientos hacia esta situación han evolucionado bastante con el paso del tiempo. Incluso estoy seguro de que si hubiera escrito este texto el día que nos fue asignado el trabajo, mi perspectiva no habría sido la misma que la que ahora tengo. 

Al principio que la emoción principal fue esperanza y desesperación, ya que la mayoría pensábamos que iba a durar máximo hasta una semana después de la semana de Pascua, por lo que al menos yo me encontraba bastante ansioso al ya querer que se acabara ese plazo y poder regresar a la escuela; tenía la esperanza de que todo fuera como lo esperábamos.  

Sin embargo, al terminarse los últimos días de la semana de Pascua creo que nos fuimos dando cuenta de que esta situación era mucho peor de lo que se había pronosticado, lo cual me causó un poco de angustia, frustración e impotencia. Todo esto fue derivado de que era una situación que era básicamente inevitable al nivel en que nos encontramos nosotros (no somos políticos poderosos) y que sin embargo nos está afectando a prácticamente todos, ya sea en un nivel emocional, financiero o de salud. 

Esta sensación se me quitó un poco en cuanto se empezaron a publicar investigaciones sobre el virus, que decían que yo y mi familia cercana tenemos una baja probabilidad de morir, lo cual me tranquilizó bastante. Sin embargo, algunos miembros de mi familia extendida sí se encuentran en grupos de riesgo, por lo que ese sentimiento no desapareció completamente. Según recuerdo esta sensación duró bastante tiempo, aproximadamente hasta finales de la segunda semana de mayo. 

Más recientemente he tenido una sensación distinta: una mezcla de nostalgia y estrés. El estrés principalmente por todo el trabajo que se acumula al final del ciclo escolar, además de no haber podido dormir para nada bien esas últimas semanas (tanto que me dormía en las tardes alrededor de 5 horas). Comencé a sentir nostalgia porque al acercarse más el tan esperado cierre de curso, finalmente me di cuenta de que eso no solo implicaba dejar de trabajar, sino también dejar de ver a muchos de mis amigos diariamente, ya que se van de la escuela. Y probablemente también se van a ver afectadas mis relaciones con mis amigos que se queden; quizás sean colocados en otro grupo y los veré menos a menudo. Esa sensación de incertidumbre también ha contribuido un poco al estrés. 

Sin embargo, esta última semana las cosas han sido diferentes. Me he dado cuenta de que no vale la pena estresarse ni preocuparse por cosas que no podemos controlar ni modificar, ya que solo me hace sentirme peor. Por ese motivo, esta semana ha sido relativamente tranquila: ya puedo dormir bien, por lo que me siento notablemente menos cansado; siento una carga de estrés mucho menor ya que se está terminando el curso y la nostalgia ha ido desapareciendo gradualmente, ya que creo que voy a poder seguir en contacto con mis amigos más cercanos por teléfono o por videollamada; quizás no sea lo mismo, pero es suficientemente funcional. 

Así que mi conclusión por el momento de esta experiencia es que hay que reaccionar de manera tranquila ante las situaciones adversas, ya que las hacen más llevaderas. También aprendí a valorar cosas tan cotidianas como la libertad de poder salir a cualquier lado sin tener miedo constantemente, algo de lo que lamentablemente no todos gozan. Finalmente, me hice aún más consciente de la posición privilegiada que vivo; incluso si las clases remotas no son lo más divertido que he experimentado, hay niños que les encantaría poder continuar estudiando y que no pueden hacerlo. Además, mis papás afortunadamente han podido quedarse en casa y trabajar remotamente, una posibilidad que no todos tienen. Ha sido una experiencia ligeramente desagradable, pero creo que todo lo malo tiene un aspecto positivo.